jueves 13 de marzo de 2008

No hay tormenta ni calma, todo sigue igual

Durante demasiado tiempo muchos hemos permanecido atentos a cualquier cambio que nos diera una pequeña esperanza de que el futuro podría ser distinto, pasan los años y por más optimistas que seamos, los cambios no llegan. Ni siquiera los moderados, aquellos que creemos que hay cosas que necesariamente deben ser salvadas, mantenidas y elogiadas, podemos continuar con una espera que no solo ya es demasiado larga, sino que es inútil.
Ha pasado una eternidad desde que nos animaban ciertas críticas propiciadas desde dentro, ciertos programas de la tele que se metían en investigaciones que entonces considerábamos importantes, opiniones desde los medios tradicionales, periodistas arriesgados e incuso un congreso del Partido en el que todo eran sueños de mejoras y elogios de las nuevas tendencias. ¡Qué ilusos fuimos y cómo nos engañaron! Aquello duró lo que duró: poco, poquísimo. Más de uno se llevó su reprimenda y muchas carreras que prometían ser brillantes se truncaron. Nada de perestroika, ni glasnot, ni ninguna otra cosa que pudiera inocularse en nuestro perfecto mundo de la resitencia. Eso era para otros, para gente sin capacidad de convertirse en el bastión del socialismo real, para débiles que habían sido minados por la sociedad de consumo, por el capitalismo y cosas parecidas. No. Los cubanos hemos sido elegidos por "la historia" para escribir la págnia gloriosa de un pueblo que resistió a los embates de todas las ideologías de la destrucción, todos los intentos de convertir al hombre en lobo del hombre.
Pues el tiempo ha pasado y muchas de esas consignas ya no las creen ni quienes las inventaron, siguen hablando en nombre nuestro y gobernando como les da la gana, haciendo de la isla el patio de su casa, ese que es particular y si llueva se moja como los demás, quitando y poniendo, movilizando y desmovilizando según el "momento" lo indique o no.

jueves 28 de febrero de 2008

¿Integrados o no?

Cada cual entiende como mejor puede esto de la convivencia. Vale preguntarse si esto de la "integración" será hacer que todos terminemos bailando sevillanas o cantando por bulerías, participemos de la "despertá" de fallas, nos guste la jota o, simplemente, tengamos un abono para la temporada taurina. No tengo claro que nos están proponiendo, pero me hago una idea.

Quizás se trate de que nos guste El Sueño de Morfeo, Amaral y Pereza, o de engullir sin miramientos los discos de Bisbal, convencernos de que Chenoa canta o que la programación de Telecinco es buena. En ese caso creo que tendrían que convencernos con un contrato y casi obligarnos a no creer en algunas buenas alternativas como Yousou N´Door, Manú Divango o Ched Khaled, Oscar de León o Manolito Simonet y su Trabuco.

Supongo los políticos no creen que ciertas palabras son innecesarias en sus discursos y programas. Y peor aún, no se puede mirar la vida y el ajetreo de la sociedad moderna desde un único punto de vista en el que se prioriza unos valores por encima de otros, unas costumbres mejores que otras. La historia humana confirma que somos herrantes y nos movemos constantemente, que cualquir valor considerado predominante tiene detrás una zaga de fusiones y migraciones. ¿Porqué insistir en la estrechés de miras y en la autocomplacencia de lo bueno y lo malo, lo auténtico y lo falso?
Creo que hay lazos más allá de los discursos electorales, la historia familiar de muchos latinoamericanos lo confirma. No es necesario vivir en España o querer hacerlo para tener la colección entera de la discografía de Serrat, admirar a Lorca , apreciar a Sorolla, sentir una profunda predilección por las canciones de Sabina, leer a Machado y Valle Inclán, a Unamuno y Pio Baroja.
Mucho antes siquiera de plantearse la posibilidad de fijar residencia en la península (derecho, por demás, consagrado en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre) muchos de nosotros ya habíamos leído El Quijote, El Lazarillo de Tormes, La Vida es Sueño y otras perlas de la literatura española. Góngora y Quevedo son parte de lo que nos enseñaron de niños y vibramos junto a Curro Jiménez expulsando a los franceses, aprendimos de "La Pepa" y Fernando VII.
Olvidan que "integrar" no significa "asimilar" y, obviamente, términos como "transculturación", "multiculturalidad" y otros similares suenan peor que "controlar", "regular" u "ordenar". Puede que la profesión pública no deje mucho tiempo para pequeños placeres culturales, es entendible que no tengan ni idea de ciertos fenómenos que inundan el espacio global de la cultura. Quizás no perciben los matices nuevos y eso es sorprendente y decepcionante en una nación en cuyo nacimiento está la diversidad y la coexistencia de muchas culturas y lenguas.
Conozco andaluces que no se explican cuál es el sentido de las fallas valencianas y valencianos que no soportan la devoción rociera, catalanes que repudian los toros y sevillanos que los adoran por solo citar un par de pinceladas. En fin, como suelen decir por aquí: "¡Pero qué me estás contando, tío.!"

jueves 6 de diciembre de 2007

La realeza y los silencios

El incidente entre Don Juan Carlos y Chávez tenía que darle la vuelta al mundo. Consiguieron representar el capítulo más entretenido de la aburridísima Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. La salida de tono del rey no tiene ningún mérito diplomático o político, pero ha servido para confirmar que la sangre azul también hierve bajo ciertas condiciones y que Su Majestad se aburre en estas reuniones y no está dispuesto a tolerar que nadie perturbe la placidez del protocolo.

Tampoco es Chávez un dócil interlocutor. El presidente venezolano es de los que levantan polémicas y disfruta siendo el malo travieso. Es un personaje incómodo, con mala reputación y con la lengua muy larga. Tiene argumentos, ideas y proyectos, pero carece del toque, el talento comunicativo necesario para conectar con esos auditorios. No tiene Chávez la clase (y creo que ni siquiera el vocabulario o la disciplina) para meterse en una reunión de tanto empaque y decir las cuatro verdades que se necesita decir en estos casos.

El asunto es que la prensa española se ha cebado especialmente en el venezolano y le ha hecho la pelota unánimemente al Borbón convirtiéndolo casi en un superhéroe que "puso en su lugar" al "casi demonio" Chávez. Y ahí es donde comienza mi interés por este asunto. Muchas cosas se han dicho del famososo incidente, algunas sensatas y otras muy descabelladas, pero casi todas, incluso aquellas que parecen escritas o dichas por personas inteligentes, llevan una carga bastante grande de ese antiguo espíritu imperial que todavía hoy se respira en la que llaman "la España modera".

Puestos a encontrar sutilezas percibes la añoranza por la otrora "grandeza" de la potencia colonial, como si la pérdida de las antiguas colonias provocara muchas nostalgias y recuerdos de lo que su día fue el más grande reino del universo. ¿Qué historia le enseñan a esta gente? Yo llegué a este país siendo ya adulto, no he tenido oportunidad de ir al colegio, pero evidentemente el sentimiento de pérdida está ahí, arraigado en la parte más conservadora de esta sociedad.
A estas alturas, en 2007 y sumando, mal estamos si todavía un rey de España puede darse el lujo de interrumpir y, todavía peor, mandar a callar a un presidente latinoamericano elegido por el voto de sus compatriotas, sea este del color y la tendencia política que sea. Probablemente el venezolano lo mereciera, tampoco anda sobrado de educación y buenos modales, pero no le tocaba a Don Juan Carlos decir aquel "porqué no te callas", cuatro palabra le sitúan en el Olimpo de los que se enfrentan a los tiranos o en la vitrina de piezas museables como representante de un linaje que mató y saqueó a muchos millones de personas en Latinoamérica en nombre de la civilización y la evangelización.

No. El rey cometió un error. Lo arrastró a ello, probablemente, el disgusto de tener que aguantarse los discursos, las horas de reuniones, las fotos y todo el protocolo que conlleva participar en una reunión de jefes de estado. Sé que esto es pura especulación, nadie más que el propio monarca sabe porqué lo hizo y qué pensamientos pasaban por su cabeza en ese momento. Por otro lado, Chávez tampoco ha constribuido mucho a dejar aquello en la simple anécdota, consciente de que cada palabra suya referida al tema sería repetida una y otra vez en todas partes, metido en plena campaña para modificar la constitución, ha soltado su lengua no siempre bien sujeta y hasta una disculpa ha solicitado. Puede que lo consiga, pero ya todo eso forma parte de lo posterior, con alguna importancia, pero no tanta como el momento del incidente.

Lo verdaderamente lamentable es que ninguno de los presidentes, incluida la anfitriona Michelle Bachelet, sintieran fidelidad alguna hacia esa larga y sufrida historia latinoamericana, que en sus cerebros ocupara un pequeño espacio la dignidad y pusieran en su lugar a Don Juan Carlos, quien no solo mandó callar a Chávez y se negó a escuchar a Daniel Ortega, elejido democráticamente por los nicaragüenses, sino que abandonó la sala dejando plantados a todos. Todo eso estuvo fuera de lugar y nadie dijo nada.

domingo 9 de septiembre de 2007

Políticamente correctos


Aunque lo intentas, a veces sin confesarlo y otras descaradamente, no puedes estar al tanto de la realidad diaria de Cuba, de los giros inesperados que toma lo cotidiano que es, en mi opinión, lo decisivo. Vives en otro entorno, me dicen mis hermanos, y tienen toda la razón, las circunstancias son otras, el aire que respiras es otro y, aunque puedes ver el mar cada día no miras el Atlántico sino el Mediterraneo, ni tienes que sufrir las colas de la guagua o tantas otras colas similares o diferentes.

Pero algo es cierto y casi absoluto, estás al tanto, te interesas, intentas saber y, aún en el caso de que no quieras saber nada de "aquello", lo sabes. Pero estar enterado, informado o como quiera uno llamarlo, es solo una parte del proceso raro que sufre (o padece) quienes tienen la isla lejos. Luego viene el siguiente paso, el de participar en cualquier tertulia donde puedas meter un comentario, reunirte con los amigos cubanos y tomarte unas cervezas, hablar de "aquello" y de "esto", de lo posible "allá" y qué diferente "aquí". Hablar simplemente de la experiencia de cada cual, enterarte de cómo lo pasó el que acaba llegar de "allá", entender que cada uno se lo monta a su manera y lo vive como puede y como quiere.

Entonces, si lo piensas un poco, comprendes lo políticamente correctos que fuimos todos, que hemos sido desde nuestro nacimiento, durante toda nuestra educación y ya en la adultéz, en el trabajo, en la cuadra, en la casa donde bajas la voz para que no escuchen decir esto o aquello. Quienes trabajamos en los medios de comunicación de la isla lo sabemos muy bien. Siempre "en el lado bueno de la fuerza", en el lado correcto, en el que no tiene color ni matices, en el lado de la opinión casi única y el concenso milagroso.

No digo nada nuevo ni original si afirmo que la diversidad es lo que da color a las cosas, la variedad, los colores hacen de este mundo lo que es, un lugar lleno de matices. Y descubrirlo resulta una experiencia verdaderamente emocionante. No puedes renunciar, creo, a ese punto de vista que perdura en tu conciencia, no puedes dejar de ver lo que te rodea entendiéndolo casi todo con el prisma que te dieron cuando te convertiste en adulto, pero sientes la liberación de no estar obligado a la corrección, te decantas por uno u otro lado de la acera, puedes estar o no de acuerdo, convives con quienes defienden un color diferente al tuyo y, lo mejor, tener opinión no significa o determina qué va a pasar con tu vida.

No descarto la posibilidad de estar escribiendo todo esto y resulte ser una nimiedad, una tontería, que solo yo crea se trata de algo tan relevante como para ser contado, pero carece de importancia si es o no interesante el tema, lo que relevante, en mi opinión, es el hecho de que la experiencia de vivir lejos de "allá" además de nostalgias y todo lo que comúnmente sentimos, puede hacer el milagro de que aparezcan individuos con una experiencia diferente, hombres y mujeres para quienes la diversidad es un síntoma de riqueza, de crecimiento, o aquellos que simplemente pasan de tener una opinión y son tan buenos o malos como cualquiera que sí la tenga. Estamos aprendiendo a que no se necesita ser políticamente correctos, es más, ni siquiera se necesita leer la prensa, saber que hace o deja de hacer este o aquel político, se puede obviar todo lo relacionado con esos asuntos y vivir, habitar en el planeta.

Mis amigos cubanos de Valencia suelen tener opiniones muy diferentes sobre Cuba, sobre su actualidad, si la hubiera, sobre el pasado y lo pasado, sobre el posible futuro, si lo hubiera. También defienden posiciones distintas en temas de política española, en fin, en nuestro grupo hay un abanico curioso de posiciones políticas, pero eso no impide que nos lo pasemos bien cuando estamos juntos. ¡Ah, eso sí, como se extraña El Malecón!




viernes 13 de julio de 2007

Jorge Drexler - Deseo

martes 22 de mayo de 2007

Mi amigo Bergantiños

A Bergantiños siempre lo consideré uno de esos supervivientes de aquella radio conmovedora, o mejor, estremecedora. Porque en Radio Ciudad se gestó, en mi opinión, un estilo de hacer radio que más tarde imitaríamos los que nos sumamos. Fue parte de la mejor etapa que tuvo la radio de los jóvenes en la isla, y eso supongo que pesará en la memoria de cualquiera.
Hace unos días recibí un mensaje de Bergantiños, me encontró en este blog que anda perdido en el laberinto de internet, estuvimos chateando un rato y lugo hablamos por teléfono, como dios manda. Sinceramente fue la bomba. Hacía un montón de años que nos hablamos por última vez. Creo que ya he contado sobre mi encuentro con él la víspera de su partida hacia España. Pues las piedras rodando se encuentran. Me alegro mucho, he recuperado a un amigo. Ahora lo que quería contar:
Yo acababa de regresar de Angola, después de dos años en que la única música posible para escuchar era a un tal Jacinto Schipa y los Jovens de Prenda, un grupo angoleño que me gustaba mucho y era lo único que ponían en Radio Nacional de Angola, llegué a la Habana con una insaciable necesidad de escuchar buena música y mucha radio. Siempre fui adicto a la radio, pero en el 89 llegué a ser un total dependiente de ella.
Mis hermanos me enviaban casetes con música de Silvio y Frank, pero el regalo más esperado eran las grabaciones caseras del EPR (El programa de Ramón) y ya entonces tenía yo una colección buenísima de La perrera, Aferrado a los clásicos, y otras yerbas aromáticas. Pues José Luis era parte de eso y para mi uno de los ídolos indiscutidos del momento. Ya se sabe que su timbre de voz es algo único y que lo supo explotar bastante bien. Luego estaban mis colecciones de Melomanía, el de Bergantiños, luego Joel lo intentó pero no fue lo mismo.
En fin, que cuando me enrolé en esto de la radio tuve la suerte de conocer como trabajaba Jósé Luis que entre sus muchos méritos está el hecho de ser unos de los mejores editores que he conocido.
A algún loco se le ocurrió meterlo en Cuba Tonight y estuvo haciendo el programa durante casi un año, fue entonces cuando coincidíamos, él terminaba y yo comenzaba con El jardín..., la verdad es que siempre me decía si sería yo capaz de hacer un programa musical con esa forma peculiar de poner la voz.

martes 15 de mayo de 2007

Deseo - Pedro Guerra

Deseo

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